miércoles, 15 de enero de 2020

Limbo

Salió de la ducha que había tomado, una ducha sin preparar, sin adecuar, sin atemperar... Todo estaba mal...
Aún con el cabello y cuerpo húmedos, se recostó en la cama mirando la ventana medio abierta y la cortina que flameaba con la luz del sol.
Caían sus párpados de rato en rato y recordaba un tacto en su cara, las manos, los brazos, los hombros... un rostro, la mirada... que ya no está.
Otra vez, las lágrimas, la presión en el pecho, el inevitable (des)ahogo brotó eternamente... Se dispersó... y luego volvió a la realidad.
En ese momento, el reloj marcaba otro tiempo, el lugar era el mismo y el sol había dejado de iluminar. 

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