lunes, 3 de agosto de 2020

Metamorfosis

Me dicen que el hecho que más duele es decepcionarte o desilusionarte de aquella persona de la que esperabas muchas cosas. Y sí, tienen razón, pero es más que eso. 
Me sigue sorprendiendo cómo tanto puede llegar a parecer tan poco o simplemente llegar a resultar nada. Me resulta raro sentirme realmente cómoda en algún lugar o con alguna persona... Por eso, este tipo de sucesos (rupturas, separaciones, abandonos, como les quieran llamar) suelen hacerme replantear muchas cosas. No es la primera vez que sucede y, quizá, no sea la última. Debo dejar de esperar que hagan por mí, el tipo de cosas que yo haría por otros; eso de generarse expectativas en las otras personas es injusto tanto para uno como para la otra persona. No importa lo que otros digan o prometan, incluso tampoco importa lo que hayan hecho, las personas pueden mentir o fingir; peor aún, pueden mentirse, por no detenerse a reflexionar sobre sí mismos y actuar en base a cuestiones momentáneas. Ni siquiera, después de una ardua reflexión a profundidad, terminamos de conocernos; la vida realmente no alcanza para eso.
Soy bastante sentimental y me ha costado aceptarlo, pero resulta que no lo asumí realmente. Es algo que aún debo aprender.  Ya antes me lo habían dicho y no escuché, debo controlar mi "genio", hablar cuando me siento triste o enojada solo genera anticuerpos y malos ratos.
Soy más dura conmigo, me critico muchas veces, difícilmente por motivos físicos, siempre critico mi carácter, aunque en apariencia me muestro muy contenta con eso... por puro orgullo. Es algo que, en realidad, he ido trabajando y mejorando. Es una lucha diaria y constante que muchos tenemos y que vivimos y que nadie tiene por qué conocer.
Me va a costar perdonarme los errores cometidos por este año; lo sé: me conozco.
Eventualmente, esta sensación se irá y dejaré de existir, porque las experiencias nos acaban y nos hacen volver a empezar, renacer: ese es el punto.