domingo, 11 de noviembre de 2018

Costumbres

Miro por la ventana y noto que ya no tengo esa sensación de que podrías pasar en cualquier momento por ahí. Es mejor así. Pero creo que es un mecanismo de mi mente negándose a olvidarte y vuelvo a recordar tu voz y tu risa. Me parece estar recordando mal y temo estarlas distorsionando. Ya no tengo audios, videos tuyos, tampoco fotos... solo una, en la que te miro y pareces estar bien.
Sigo pensando que algún día perderé todo recuerdo tuyo; sin embargo, pensarlo no me permite conseguirlo. La mente, la memoria, el olvido... resultan tan extraños.
He encontrado una paz peculiar en tus recuerdos y una voluntad para estar bien y ser feliz que no había tenido antes. A pesar de que a veces se me van y vuelvo a atenuarme y vuelvo a perderme de ellas; se han vuelto más habituales los momentos de calma y alegría que aquellos donde me termino preguntando si es posible que algo en la vida duela más.
He adquirido el hábito de caminar mucho (aunque ya antes lo había tenido): estoy perdiendo peso (pero ya se acercan las fiestas y sé que volverá)... Ando 'a lata' los lunes de Surco a Barranco; los martes de Lince a Miraflores; los miércoles desde Monterrico a Barranco; los jueves y viernes camino que camino toda la tarde, lo que en la mañana no pueda. Caminar me libera, me permite dejar la mente en blanco y que tus recuerdos se alejen; aunque creo que es otro mecanismo extraño que me impide olvidarte porque en algún momento vuelves a surgir con alguna frase, algún gesto, alguna imagen, alguna voz...
Esta paz peculiar a veces me lleva a llorar de una forma que no conocía, una forma que me permite escucharme, sentirme, abrazarme, estar y conectar conmigo. Silencio en mi interior, color celeste que se vuelve intenso y llega a un azul, que se oscurece y se vuelve oscuridad... a la que ya no temo.